El yuan chino y el dólar americano: un pulso que viene de lejos

Manuel Rodríguez Fernández

Desde la visión de un profano en temas cambiarios y fluctuaciones de monedas internacionales, quiero aportar el punto de vista de un inversor en China en diversos sectores, que desde 1998 ha vivido, sufrido y disfrutado, los cambios del yuan.

La intervención de la moneda china, por parte del Banco Central, siempre ha sido, y todavía es, clave en el valor del Yuan frente al dólar americano, a lo largo de todos estos años. Hasta 2005, cuando se inicia una flotación muy controlada de la moneda, el valor del yuan se había fijado por decreto de las autoridades monetarias, sin posibilidad de flotación. Las voces internacionales, en especial las provenientes de Estados Unidos, clamaban contra un cambio oficial que, según todos los expertos, no representaba el valor real de la moneda china en un teórico mercado libre.

China miraba entonces con cautela, cualquier cambio en su política monetaria, ya que podía afectar a sus exportaciones, sector este que representaba mas del 30% de su PIB, y al interés de los inversores internacionales en China, que gozaban de un cambio favorable, especulando con futuras revaluaciones del Yuan, que les proporcionaran ganancias cambiarias en el capital invertido.

A mediados de 2005, como he comentado, se inicia una tímida flotación del Yuan, que enseguida comienza a revalorizarse, pasando de los oficiales 8,27 yuan por dólar a los 8,05 a final de año. La flotación parecía contenida en una banda del 3-4%. Las fuerzas del mercado, aunque contenidas por el Banco Central, fueron llevando al yuan a cotas mas altas en 2006 y 2007, mejorando respecto al dólar y cambiándose a final de esos años a 7,8 y 7,3 respectivamente. La flotación estaba controlada pero el yuan se apreciaba continuamente, acercándose a un valor mas real, como querían los Estados Unidos.

La tendencia se frenó al alcanzar los 6,8 yuanes por dólar en 2008, y se mantuvo estable en 2009. Parecía que los mercados aceptaban eses valor como real. En la crisis, de 2010 a 2013, las tensiones de los mercados, y la propia economía china, que no vio con malos ojos el encarecimiento de las importaciones para compensar las menores exportaciones de China a mercados que sufrían la crisis del consumo, llevó la flotación del yuan a mayores cotas de cambio, llegando a cambiarse a 6,05 yuan por dólar en 2013. Esa cifra representaba ya niveles de cambio preocupantes para los exportadores chinos.

La necesidad de apoyar las exportaciones en China, que habían caído por debajo del 27% del PIB, hizo replantearse al Banco Central chino la paridad a la que se había llegado, con un Yuan inusualmente fuerte, bueno para las compras de materias primas y petróleo, pero debilitador del tradicional motor de la economía china, como es la exportación. Ya en 2014, se vio la intervención del Banco Central, llevando la paridad a 6,2, pero esto no fue suficiente, y por decreto en 2015, se subió el valor de referencia del yuan a 6,5.

Los inversores internacionales comenzamos a ver las intenciones del Gobierno Chino de volver a un yuan más débil, cuando estábamos cómodamente instalados en una revalorización de nuestros capitales invertidos, solo por efecto del cambio, del 35% en los últimos 10 años. En algunos consejos de multinacionales, se empezó a hablar de repatriar dividendos, antes de que el yuan se debilitara más.

La sospecha se confirmo a mediados de 2016 cuando, sin darle rotunda oficialidad como en 2015, y aprovechando que el mundo occidental estaba distraído con las elecciones americanas, la Olimpiada de Rio y el Brexit, China dejó devaluar su moneda hasta cotas que no conocíamos desde 2007, los 7 yuan por dólar. Las consecuencias para las exportaciones chinas fueron excelentes, y China recupero niveles de crecimiento del PIB del 7%, que hacía años no conocía, y que son claves para mantener la estabilidad política interna.

En 2017, con Donald Trump en los Estados Unidos, no tardó en oírse de nuevo el clamor que reclamaba un mayor valor del yuan frente al dólar. Los efectos finales de este nuevo episodio son ya conocidos, y han llevado a la guerra comercial entre Estados Unidos y China, que se ha iniciado en el primer trimestre de 2018, todo ello a pesar de que, durante el mandato de Donald Trump, el Banco Central chino ha querido rebajar la tensión y ha dejado revalorizar el yuan un 9% frente al dólar.

En el primer trimestre de 2018, el yuan se situó de nuevo en una posición fuerte a 6,2, como la que obligo a intervenir al Banco Central en 2015, pero no parece que hoy la situación sea la misma. Aparece un nuevo jugador en esta partida, que es el intento de China de discutirle a los Estados Unidos, nada menos que el liderazgo del petrodólar como moneda única de pago en las transacciones petrolíferas. China que es ya el mayor importador de petróleo del mundo (antes lo era Estados Unidos), ha comenzado en Marzo de este año a emitir petroyuanes, que cotizan en la Bolsa de futuros de Shanghai. Rusia, su mayor proveedor de petróleo, e Iran, también importante, han aplaudido este nuevo instrumento.

Las directrices ahora parecen llevarnos a un Yuan fuerte en los próximos años:

  • Si hay guerra comercial, mejor un yuan fuerte para no usar dólares americanos en pagos bilaterales.
  • Si voy a acometer el mayor plan de inversiones en infraestructuras de la historia mundial, en la Nueva Ruta de la Seda, mejor un yuan fuerte para favorecer la financiación del mismo.
  • Si soy el mayor poseedor de reservas de dólares del mundo, y tengo un yuan fuerte y un petroyuan que lo respalda, puedo empezar a sustituir esas reservas con mi moneda fuerte, aceptada internacionalmente.


Por: Manuel Rodríguez Fernández

Ingeniero Industrial y Consultor de Negocios para China